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Domingo 5º de Pascua

Cabe destacar tres afirmaciones de Jesús en la Última Cena: la casa del Padre es el hogar de la humanidad; Jesús es el camino para llegar a la casa del Padre; Jesús y el Padre son Uno en la Unidad del Amor.


Dice Jesús: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas». El hogar de la humanidad es Dios. De Él venimos, al Él volvemos, en Él vivimos. ¿Cómo vislumbrar este misterio? Tal vez pensando en un Creador de todo lo que existe a cuyo seno volveremos. O quizá suponiendo que no somos una simple libélula perdida en el despliegue y repliegue del universo.


Dice Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Él dice que nos llevará a donde él esté, y que sabemos el camino. Tomás: «¿Cómo saber el camino si no sabemos a dónde vas?» Jesús sí lo sabía. Dice san Juan: «Sabiendo Jesús que había salido de Dios y a Dios volvía se puso a lavar los pies de los discípulos».

Jesús es simultáneamente término, origen e itinerario. Es término: Él es Vida en abundancia, Vida Divina. Él es origen: Él es Sabiduría que gobierna el universo entero. Él es camino: Él es Palabra de Dios hecha carne, camino que une origen y término.


Felipe se sorprende: «Muéstranos al Padre y nos basta». Jesús ha convivido con sus discípulos, ha dejado entrever su misterio. ¿Quién es Él realmente?

«Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» «Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» Dos afirmaciones francas de Jesús. Revelan quién es Él, su misterio, por qué es Vida, Verdad, Camino. La identidad de Jesús y el Padre en el Amor es el misterio del universo: la Trinidad Divina, que es nuestro hogar.

 
 
 

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